Emprender siendo mujer: qué suerte tienes… dicen mientras tú calculas nóminas mirando al techo a las 3 de la madrugada

Hay una frase que, si eres emprendedora, probablemente has escuchado más veces de las que has pedido café: “Qué suerte tienes, te va genial.”

Y tú sonríes. Sonríes porque está feísimo contestar:

“Sí, muchísima suerte. Ayer a las tres de la mañana estaba mirando al techo calculando mentalmente nóminas, seguros sociales, proveedores, impuestos y cuánto tardaría en vender un riñón en Wallapop.”

Así que respondes:

—Sí, la verdad es que estoy muy contenta.

Y sigues paseando.

Porque emprender también es eso: parecer una persona perfectamente funcional mientras tu cerebro tiene 47 pestañas abiertas y en una de ellas pone HACIENDA.

Hola, soy Pau. Y sí, decidí emprender voluntariamente

A veces me pregunto en qué momento una piensa: ¿Sabes qué le falta a mi vida? Responsabilidad, incertidumbre, decisiones constantes y despertarme algún domingo recordando una factura.

Y ahí nace una empresa. En mi caso, Pau Centro de Estética Avanzada. Y ojo, que volvería a hacerlo.

Pero esto de emprender tiene una parte preciosa que se ve mucho y otra que normalmente no sale en Instagram.

Se ve el centro bonito. Se ven los tratamientos. Se ven las clientas felices. Se ven los proyectos nuevos. Se ve cuando algo sale bien.

Lo que normalmente no se ve es a una mujer un martes cualquiera a las 23:48 diciendo:

“Como siga haciendo números me voy a dar de baja hasta de Netflix.”

Las emprendedoras desarrollamos habilidades muy curiosas. Por ejemplo, podemos hacer presupuestos mientras nos lavamos el pelo. Responder un WhatsApp mientras hacemos la cena.Recordar una factura pendiente en mitad de una película. Y tenemos una relación especialmente estrecha con el techo del dormitorio.

Porque hay noches en las que te tumbas y tu cerebro decide que es el momento perfecto para preguntarte: ¿Llegará este mes para todo?

Y tú: Cállate.

Cerebro: ¿Y las nóminas?

CÁLLATE.

¿Y si ese proveedor que le dijiste que de esta semana no pasaba?

SON LAS DOS DE LA MAÑANA.

La gente piensa que ser empresaria es tener libertad. Y sí.

Tienes la libertad de preocuparte por el negocio a cualquier hora del día.Precioso.

Porque cuando hay un equipo, ya no eres solo tú

Hay algo que cambia completamente cuando una empresa crece.Dejas de pensar únicamente en ti.Hay personas que trabajan contigo. Hay familias. Hay responsabilidades. Hay nóminas que tienen que estar el día que tienen que estar.

Y ahí entiendes que ser empresaria no consiste simplemente en abrir una puerta cada mañana. Consiste en tomar decisiones incluso cuando no sabes cuál es la correcta. En asumir riesgos. En intentar adelantarte. En solucionar problemas antes de que nadie sepa que existían. Y luego, cuando todo sale bien, alguien te dice:

“Jo, es que tienes mucha suerte.”

Y tú vuelves a sonreír. Una sonrisa muy bonita. Muy elegante.

Muy de persona que no quiere acabar en prisión.

Luego está compaginar la empresa con la vida personal. Que esto merece incluso su propia disciplina olímpica.

Porque estás cenando tranquilamente con tu pareja y, de repente:

—¿Me estás escuchando?

—Sí, claro.

—¿Qué he dicho?

—Que… hay que pedir cita al dentista.

—Te estaba hablando de mis padres.

Fantástico.Tu cuerpo está en el restaurante. Tu mente está revisando el calendario de citas del jueves. Hay días en los que consigues desconectar. Y otros en los que estás de escapada romántica mirando un paisaje precioso y piensas:“Ese color quedaría ideal para la recepción del centro.” Romanticismo empresarial. No falla.

Y tu pareja termina conociendo perfectamente nombres de proveedores, tratamientos, campañas, presupuestos y personas que jamás ha visto en su vida.Es probablemente la única persona que puede preguntarte: ¿Al final qué pasó con aquella factura?

y tú saber PERFECTAMENTE de qué factura habla. Eso también es amor.

Porque además las mujeres tenemos una habilidad maravillosa para sentir culpa por absolutamente todo.

Si trabajas mucho: Debería estar dedicando más tiempo a mi familia.

Si descansas: Debería estar aprovechando para adelantar cosas

Si te vas de vacaciones: Espero que esté todo bien sin mi

Si miras el móvil durante las vacaciones: Debería desconectar.

Fantástico.No ganamos nunca.

Hay momentos en los que estoy en casa pensando en Pau Centro de Estética Avanzada.

Y momentos en Pau en los que pienso en cosas que debería estar haciendo en casa.

Un equilibrio impecable.

Pero volvamos a nuestra frase favorita: “Qué suerte tienes”

Porque claro que hay suerte en la vida. Hay momentos que llegan. Personas que aparecen. Oportunidades.

Pero cuando alguien ve una empresa funcionando después de años y lo resume todo en: “Has tenido suerte.”

Una parte de ti quiere sacar una presentación de PowerPoint.

Diapositiva 1: NO.

Diapositiva 2: SIGUE SIN SER SUERTE.

Porque detrás hay muchísimas horas. Muchas decisiones equivocadas. Muchas veces empezar de nuevo. Cursos. Formación. Inversión. Días buenísimos. Días horribles.Clientes maravillosos.Problemas que parecían gigantes.

Y muchísimas veces pensar: No sé si voy a poder con esto.Y hacerlo igualmente.

También están los días maravillosos Porque después de todo este drama —que a mí me encanta exagerar porque si no nos reímos, lloramos— también está la otra parte.

La mejor.

Ver crecer algo que un día solo existía en tu cabeza. Ver entrar a una clienta por primera vez y verla volver durante años.Ver crecer a tu equipo. Ver cómo una idea acaba convirtiéndose en un proyecto real. Ver que has creado algo que genera trabajo. Que ayuda a personas.Que evoluciona.Que cada año se parece un poquito más a aquello que imaginabas.

Y entonces sí piensas: “Ha merecido la pena.”

Hasta que llega un correo de la gestoría.

Pero durante aproximadamente siete minutos, ha merecido muchísimo la pena. Ser mujer, emprender y no volverte completamente loca

No sé si existe una fórmula para emprender.Yo todavía no la he encontrado.Si algún día la encuentro, prometo venderla.

Y cara.

Lo que sí sé es que hay que aprender a convivir con la incertidumbre.A pedir ayuda.

A confiar en otras personas.A entender que no todo depende de ti.

A asumir que habrá días en los que te sentirás capaz de conquistar el mundo y otros en los que una impresora sin papel será suficiente para destruirte emocionalmente.

Y sobre todo, hay que aprender a reconocer el propio esfuerzo.Porque a las mujeres se nos da especialmente bien quitar importancia a lo que hacemos.

“Bueno, tampoco es para tanto.”

Sí.

A veces sí es para tanto.

No fue suerte

Así que la próxima vez que alguien me encuentre paseando tranquilamente y me diga:

—Pau, qué suerte tienes, qué bien te va todo.

Probablemente sonría. Porque sé que lo dicen con cariño. Pero por dentro pensaré en todas las horas. En todos los problemas resueltos. En las noches sin dormir. En las decisiones. En el equipo. En los miedos. En cada vez que parecía que no iba a salir y salió.

Y pensaré: No fue suerte.

Fue trabajo. Fue constancia. Fue aprender a golpes. Fue equivocarme. Fue volver a intentarlo. Fue creer muchísimo en Pau Centro de Estética Avanzada.

Y fue, también, desarrollar una habilidad extraordinaria para hacer cálculos de nóminas mirando al techo a las tres de la mañana.

Porque empresaria sí.

Pero dramática… también.

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